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ESOS LOCOS QUE PEDALEAN

ESOS LOCOS QUE PEDALEAN
Fuente: http://franvacas.blogspot.com/

Yo los conozco.
Los he visto muchas veces.
Son raros.
Algunos salen temprano a la mañana y se empeñan en ganarle al sol.
Otros se insolan al mediodía, se cansan a la tarde o intentan que no los atropelle un camión por la noche.
Están locos.
En verano pedalean, escalan, transpiran, se deshidratan y finalmente se cansan. Sólo para disfrutar del descanso.
En invierno se tapan, se abrigan, se quejan, se enfrían, se resfrían y dejan que la lluvia les moje la cara.
Yo los he visto.
Pasan rápido por las calles, despacio entre los árboles, serpentean caminos de tierra, ascienden cuestas empedradas, ruedan en el arcen de una carretera perdida, esquivan olas en la playa, cruzan puentes de madera, pisan hojas secas, suben cerros, saltan charcos, atraviesan parques, se molestan con los coches que no frenan, uyen de un perro y pedalean, pedalean y pedalean.
Escuchan música que acompaña el ritmo de sus piernas, escuchan a los gorriones y a las gaviotas, escuchan sus latidos y su propia respiración jadeante, miran hacia delante, miran sus pies, huelen el viento que pasó por los eucaliptos, la brisa que salió de los naranjos, respiran el aire que llega de los pinos y aflojan cuando pasan frente a los jazmines.
Yo los he visto.
No están bien de la cabeza.
Usan mallas ajustadas y botas de marca, pedalean sin descanso. Traspiran camisetas, calzan cascos y miden una y otra vez su propio tiempo.
Están tratando de ganarle a alguien.
Pedalean con el cuerpo flojo, pasan a la del perro blanco, sprintan después de la columna, buscan una fuente para refrescarse. y siguen.
Se inscriben en todas las carreras. pero no ganan ninguna.
Empiezan a correrla en la noche anterior, sueñan que pedalean y a la mañana se levantan como niños en Día de Reyes.
Han preparado la ropa que descansa sobre una silla, como lo hacían en su infancia en víspera de vacaciones.
El día de antes de la carrera comen pastas y no toman alcohol, pero se premian con descaro y con asado apenas termina la competición.
Nunca pude calcularles la edad pero seguramente tienen entre 15 y 85 años.
Son hombres y mujeres.
No están bien.
Se inscriben en carreras de 40 o 1000 kilómetros y antes de empezar saben que no podrán ganar aunque falten todos los demás.
Estrenan ansiedad en cada salida y unos minutos antes del pistoletazo necesitan ir al baño.
Ajustan su cuentakilometros y tratan de ubicar a los cuatro o cinco a los que hay que ganar.
Son sus referencias de carrera: "Cinco que ruedan parecido a mí".
Ganarle a uno solo de ellos será suficiente para dormir a la noche con una sonrisa.
Disfrutan cuando pasan a otro ciclista, pero le animan, le dicen que falta poco y le piden que no afloje.
Preguntan por el puesto de avituallamiento y se enfandan porque no aparece
Están locos, ellos saben que en sus casas tienen el agua que quieran, sin esperar que se la entregue un niño que levanta un vaso cuando pasan.
Se quejan del sol que les quema o de la lluvia que no los deja ver y les moja, del viento que siempre sopla en contra.
Están mal, ellos saben que allí cerca está la sombra de un sauce o el resguardo de un alero.
No las preparan. pero tienen todas las excusas para el momento en que llegan a la meta
No las preparan, son parte de ellos.
El viento en contra, no corría una gota de aire, el ropa nueva, el circuito mal medido, los que se cruzan delante y no te dejan pasar, el cumpleaños al que fuimos anoche, la llaga en el pie derecho de la costura del calcetín nuevo, la rodilla que me volvió a traicionar, arranqué demasiado rápido, no dieron agua, al llegar iba a sprinta pero no quise.
Disfrutan al hablar, disfrutan al pedalear y cuando llegan disfrutan de levantar los brazos porque dicen que lo han conseguido.
¡Qué ganaron una vez más!
No se dieron cuenta de que apenas si perdieron con un centenar o un millar de personas. pero insisten con que volvieron a ganar.
Son raros.
Se inventan una meta en cada carrera.
Se ganan a sí mismos, a los que insisten en mirarlos desde la vereda, a los que los miran por televisión y a los que ni siquiera saben que hay locos que pedalean.
Les tiemblan las manos cuando se pinchan la ropa al colocarse el dorsal, simplemente por que no están bien.
Los he visto pasar.
Les duelen las piernas, se acalambran, les cuesta respirar, tienen pinchazos en el costado. pero siguen.
A medida que avanzan en la carrera los músculos sufren más y más, la cara se les desfigura, la transpiración corre por sus caras, los calambres empiezan a repetirse y dos kilómetros antes de la llegada comienzan a preguntarse que están haciendo allí.
¿Por qué no ser uno de los cuerdos que aplauden desde la barrera?
Están locos.
Yo los conozco bien.
Cuando llegan se abrazan a su mujer o a su esposo que disimulan a puro amor la transpiración en su cara y en su cuerpo.Los esperan sus hijos y hasta algún nieto o algún abuelo les pega un grito solidario cuando atraviesan la meta.
Llevan un cartel en la frente que se apaga y se enciende, que dice "Llegué -Tarea Cumplida".
Apenas llegan toman agua y se mojan la cabeza, se tiran en el la hierva a reponerse pero se paran enseguida porque lo saludan los que llegaron antes.
Se vuelven a tirar y otra vez se paran porque van a saludar a los que llegan después que ellos
Intentan tirar una pared con las dos manos, suben su pierna desde el tobillo, abrazan a otro loco que llega más transpirado que ellos.
Los he visto muchas veces.
Están mal de la cabeza.
Miran con cariño y sin lástima al que llega diez minutos después, respetan al último y al penúltimo porque dicen que son respetados por el primero y por el segundo.
Disfrutan de los aplausos aunque vengan cerrando la prueba ganándole solamente a la ambulancia o al tipo de la moto.
Se agrupan por equipos y viajan 400 kilómetros para pedalear 100.
Compran todas las fotos que les sacan y no advierten que son iguales a las de la carrera anterior.
Cuelgan sus medallas en lugares de la casa en que las visitas puedan verlas y tengan que preguntar.
Están mal.
-Esta es del mes pasado- dicen tratando de usar su tono más humilde
-Esta es la primera que gané- dicen omitiendo informar que esa se la entregaban a todos, incluyendo al que llegaba último y al inspector de tránsito.
Dos días después de la carrera ya están tempranito esquivando charcos, Subiendo cuestas, pedaleando rítmicamente, saludando a otros ciclistas, golpeando las palmas de las manos de los colegas que se cruzan.
Dicen que pocas personas por estos tiempos son capaces de estar solos -consigo mismo- una hora por día.
Dicen que los pescadores, los nadadores y algunos más.
Dicen que la gente no aguanta tanto silencio
Dicen que ellos lo disfrutan.
Dicen que proyectan y hacen balances, que se arrepienten y se congratulan, se cuestionan, preparan sus días mientras pedalean y conversan sin miedos con ellos mismos.
Dicen que el resto busca excusas para estar siempre acompañado.
Están mal de la cabeza.
Yo los he visto.
Algunos solo pasean. pero un día. cuando nadie los mira, se animan y sprintan un poquito.
En unos meses empezarán a transformarse y quedarán tan locos como ellos.
Estiran, se miran, giran, respiran, suspiran y pedalean. sprintan, frenan y vuelven a sprintar.
Me parece que quieren ganarle a la muerte. Ellos dicen que quieren ganarle a la vida.

Están completamente locos.
Adaptación FRAN VACAS sobre el texto de: Marciano Durán
Marzo 2008