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Crónica: Valle de Iruelas, de boya a boya y nado porque me toca

Por Vanesa sanchez, Triatleta ZDM


¿¿¿ESTAIS LOCAS???

 Es lo primero que dije hace un año y pocos meses cuando me enteré que Ana, Elena y Raquel se habían apuntado a una travesía de nada menos que 5500 metros. 

Para mí era imposible nadar una distancia tan larga, ni siquiera se me podía pasar por la cabeza, pero el hecho de que se fueran a pasar un día a un paraje espectacular me producía mucha envidia.

"¿Y decís que hay una prueba corta de 800 metros? Venga, pues me apunto a esa..." Dije en un acto de valentía. Nunca había participado en ninguna prueba de este tipo y, aunque solo fueran 800 metros, la cosa me imponía demasiado, pero me valdría como una primera toma de contacto...
Efectivamente 800 metros me supieron a poco, justo cuando le estaba cogiendo el gustillo se acabó el asunto. Si a eso le sumamos la emoción que sentí cuando llegaron mis tres compañeras y, que por suerte o por desgracia, la locura es una enfermedad altamente contagiosa, se produjo tal amalgama en mi cabeza que prometí que este año yo tambien iría a por los 5500. Eso sí, ¡hay que entrenar!, y muchoooo... Quedaba un año entero y yo creía, ilusa de mí, que era tiempo suficiente.

Desgraciadamente el tiempo pasa tan deprisa que ni siquiera nos damos cuenta, y de buenas a primeras ya han abierto inscripciones, no me veo preparada pero aun así, me apunto en un arrebato de inconsciencia. Todavía quedan meses... 

Meses que van pasando y yo lejos de verlo cada vez más factible es todo lo contrario, siento que cada vez nado peor y las sensaciones en el agua no son nada buenas. 

A falta de dos semanas toca test de 5000 lo consigo acabar en 2 horas y 2 minutos. Sí, ya lo sé, soy muy lenta, pero no me importa lo que pueda tardar, sólo quiero acabar. Gracias a este test ya empiezo a reconocer que, al menos, físicamente estoy preparada, mentalmente desde luego que no, pero creo que esto no tiene cura... 

Ya está todo el entrenamiento hecho asi que ¡¡¡que llegue ya el momento!!! Y por fin, el momento llegó. Son las 7:45, en La Fortuna hemos quedado unos cuantos ZDMs para ir juntos al embalse del Burguillo. 
No parece ser el mejor día, hace bastante fresquete y ayer soplaba mucho viento. Esperemos que cuando lleguemos allí la cosa cambie. Pero ya desde el coche, al ver el embalse, me llevo los primeros sustos: ¿tengo que cruzar todo eso? ¿y con esas olas? Madreeeeee, ¿¿¿dónde me he metido??? 

 Una vez allí nos vamos juntando cada vez con más compañeros, compartimos desayuno, cremas solares, vaselina,... pero sobre todo nervios. Bueno los nervios quizá no se comparten, se contagian... IMG-20140629-WA0005 
Con el frío que hace y lo friolera que soy no se cómo voy a meterme en el agua, hace un rato he tenido que ponerme la sudadera. Ahora enfundada en el neopreno no se está mal, pero tengo pánico al agua fría. Si lo normal es ir entrando en calor a medida que se nada, yo me suelo ir quedando cada vez más fría. Otro de mis miedos es el neopreno, ¿y si me tira de hombros?, ¿y si me hace rozaduras? Y lo peor de todo: ¿¿¿y si me entra una crisis de ansiedad???

Ya es la hora y nos colocamos en la zona de salida, yo junto a Alba, hemos quedado en ir juntas y en que cada mil metros vamos a dar una voltereta. Así que no la puedo perder de vista y sus gafas rosas me van a ayudar bastante en la tarea.

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Suena el bocinazo, salida nula. Un segundo bocinazo MEEEEEECCCCCC y ¡¡¡empieza la aventura!!!
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Para empezar, el agua no está tan fría como parece, el viento en contra no parece un impedimento y la sensación de oleaje me encanta. ¡¡¡Esto marcha bien!!!

Entre todo el mogollón de gente tengo a Alba a mi lado, vamos muy juntitas, casi pegadas, yo voy respirando hacia la derecha y ella hacia la izquierda. Vamos perfectamente sincronizadas, damos las brazadas a la par y a cada respiración veo sus gafitas rosas.
A medida que avanzamos vamos teniendo más espacio, ya no hace falta que estemos tan cerquita, pero voy controlándola cada vez que respiro. No quiero perderla por nada en el mundo y estar pendiente de ella me hace olvidarme de mí misma y de mis miedos.
El recorrido está pasando más rápido de lo que pensaba, ya hemos pasado la isla y casi no tenemos a nadie a nuestro alrededor, así que controlarnos la una a la otra es una tarea muy sencilla. Da la sensación de que vamos las últimas y en un momento miro hacia atrás, a parte de Alba sólo veo otros dos gorros amarillos más.

Ella me pregunta si hay mucha gente por detrás. Yo miento: "Muchísima". Y ella se alegra. Es una mentira piadosa, además estoy segura que hay más gente pero no alcanzo a verles, tampoco veo a demasiados por delante, y de esos si que sé que hay, y a cientos...
 Casi siempre tenemos una piragua o una barca cerca, así que la sensación de seguridad es total. Un poco más adelante ya diviso el puente. "¡Albaaaaa!, ¡¡el puenteeeeee!!, ¡¡¡ya se ve el puenteeeeeeeeeeee!!!". Supone la mitad del recorrido, pero llegar hasta él se hace eterno, parece que nunca llega. Cada vez se va viendo un poco más grande pero siempre parece estar demasiado lejos. Y pienso que todavía queda volver.
Menos mal que no me siento cansada y además me encuentro muy cómoda con el neopreno. Sé que puedo seguir. Casi siempre tenemos una piragua o una barca cerca, así que la sensación de seguridad es total. Ya !por fin en el puente!, no sé hacia dónde tenemos que ir, pero se acerca una piragua y nos dice que tenemos que pasar por debajo de la bandera y salir por el siguiente arco.
Justo debajo del puente Alba y yo hacemos una de esas volteretas que nos habíamos prometido, pero como la distancia no está marcada no las estamos haciendo. Y a continuación fue uno de los momento más emocionantes. Veo al Alba hablando con alguien, una cara conocida: "¿Javi?, ¿¡eres Javi!?, ¿¿¿¡¡¡DEL PUERTO!!!???".
No os podéis imaginar la alegría que me hace verle. A partir de aquí vamos los tres juntos, yo de vez en cuando me desvío, pero no les pierdo de vista e intento reagruparme.

 Como ya sé que la distancia entre el puente y la isla es larga me lo tomo con calma.
Se supone que ahora el viento sopla a favor, pero yo me encontraba más cómoda antes, al avanzar yo en un sentido y las olas en contra me daba la sensación de mayor velocidad, pero son sólo sensaciones, porque sí es cierto que ahora vamos más rápido y cuando me quiero dar cuenta ya estamos en la isla.

Una piragua nos indica hacía dónde tenemos que ir: "hacia las sombrillas", miro, las busco y ¿qué veo? ¡¡¡el arco de meta!!! Subidón total, ¡ya está chicos!, ¡ya no queda nada!, ¡¡¡ya está hecho!!!
 Pues bien,  como en el caso del puente, esto fue otro error y se me vuelve a hacer muy larga la llegada, pero no importa, todavía quedan fuerzas y tengo que reconocer que no estoy sufriendo para nada (solo siento un poco cargado el hombro izquierdo, pero nada grave).

Si hasta me va a dar pena que se acabe, ya me gustaría que fueran otros mil metrillos más... Ya a punto de llegar empiezo a oír los gritos de nuestros compañeros, todos ellos, más rápidos que nosotros, ya han llegado a meta. Es la ventaja de entrar de los últimos, más espectadores y más ánimos te llevas. Es el momento de hacer pie, y los tres juntos y agarrados de la mano nos dirigimos hacia el arco de meta. El abrazo que nos damos Javi, Alba y yo no se me olvidará en la vida:

¡¡¡ESTO SÍ QUE ES UN TRIABRAZO!!! Gracias chicos.



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A continuación vinieron las felicitaciones, de todos y para todos, la paella, el café,..., en definitiva una bonita jornada en buena compañía. Hubo muchos compañeros a quienes no conocía y ni siguiera tuve la oportunidad de conocer, y la verdad que es una pena, siempre me gusta conocer gente nueva, pero éramos tantos que fue imposible. Primero, antes de la travesía, por el alto nivel de nervios que llevaba encima, y después, por la emoción que me embriagaba. Lo siento mucho, pero espero que haya una nueva oportunidad para conoceros. También había otros rostros conocidos a quienes no saludé, también pido disculpas, no soy así de antipática, como ya he dicho, fue culpa de las condiciones. Por supuesto, tengo que agradecer a todos mis compañeros el estar siempre presentes, por los ánimos que me dan y por intentar convencerme de que soy capaz de ello, incluso ellos mismos demuestran que todo es posible.

 Como siempre me niego a dar nombres, sois muchos y las gracias son para todos, pero especialmente a Jaime, por intentar enseñarme a nadar, por tu paciencia y por saber transmitirnos ese afán de superación. Como bien dices "este ha sido el año de los grandes retos". Habrá que ir planeando el siguiente...






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