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En el bar hay menos muertos que en el deporte. (By R.Guerra)

En el bar hay menos muertos que en el deporte


Casi todas las revistas y webs  deportivas tienen un denominador común: Concienciar a los deportistas populares que hay que prestar atención a nuestro cuerpo. 
Pero seamos realistas, poco más allá de respetar las horas en las que la chicharra canta ópera, pasamos un poco de todo basándonos en nuestra propia experiencia; es decir, si nunca me ha pasado nada es porque lo estoy haciendo bien. 
Y bueno, puede que sea cierto porque estás dentro de un equipo con un entrenador, nutricionista y hasta médico cualificado. 
Pero, y si por cualquier circunstancia vas a tu bola con una caja de Fortasec, un recetario de bebidas isotónicas de la Termomix  sacadas de un pdf en internet y un planning deportivo generalizado cuya portada es “Corre como Iván Raña en 4 semanas”, ¿Qué pasa en este caso?

Llega un momento en el que esa mejora rápida y progresiva en los resultados de la persona que ha comenzado o retomado la actividad deportiva se detiene. Este instante en que por mucho que hagamos, progresamos poco o nada, ¿Es el momento en el que nosotros, los no “Pros”  dejamos de disfrutar de nuestra pasión para centrarnos en superar cada vez más nuestra mejor marca personal, olvidándonos de las sensaciones que nos hicieron enamorarnos de nuestro deporte?

Si no llevamos un plan personalizado tal vez vayamos con el freno de mano echado o nos estamos pasando. Y, lo más probable, viendo que el género humano es cabezón, nos estemos pasando cegados por el afán de reducir marcas, aumentar distancia o sumar más retos para poder sentir que estamos en plena forma mostrándolo, ya de paso, al resto del planeta.  
Y aquí llegan los ataques de ansiedad, frustraciones, los lloros, la quema de nuestras libretas llenas de frases motivadoras, un sinfín más de desgracias mentales y por supuesto lesiones.

Lesiones no fortuitas que no se nos han pasado por la cabeza, lesiones vistas en los profesionales, lesiones que nos van a dejar en el dique seco por “forzar la máquina”; o más probablemente, consecuencia de hábitos y malformaciones anatómicas que no se han mostrado hasta que no hemos hecho deporte intenso regularmente.

Es en este momento donde al menos yo, me planteo y por ende muchos de nosotros “populares”, si podemos afrontar los gastos médicos, las visitas al fisio, faltar a nuestras obligaciones laborales, la incertidumbre de la espera o si ha merecido la pena ir en un tren que nos ha hecho olvidar el por qué comenzamos.

Roberto Guerra.